Reflexiones consultoras de fin de año

4262567598_b0f8452858_mCerramos un año en Cohaerentis lleno de desafíos y de oportunidades, que nos han estimulado de una u otra manera y que, en todo caso, nos ha transformado.

El cambio constante es algo con lo que considero uno no solo tiene que aprender a vivir, sino que debemos hacerlo deseable. Sólo así se puede disfrutar una era llena de incertidumbres y eventos disruptivos. Uno de los avances significativos en nuestra empresa ha sido nuestra progresión como consultores. Cohaerentis fue fundada por dos abogados especialistas en tecnologías de la información, sin embargo ha ido progresando integrando a profesionales muy cualificados en sus respectivas áreas del conocimiento, los cuales aportan valor y soluciones al nuevo contexto tecno-social que vivimos. Esto da fundamento a un concepto integral de consultoría que considero muy necesario para las empresas de la nueva economía.

Sin embargo, también durante este año, he tropezado en múltiples ocasiones con una concepción peyorativa del consultor y la consultoría, a veces definidas como vendedores de humo. Desde luego que he conocido consultores con este perfil, pero también he conocido abogados, informáticos, políticos, médicos y fontaneros. Por otro lado creo que, si nos queremos distinguir como profesionales de valor, todos tenemos que desarrollar nuestro perfil consultor. Según la RAE, consultor es aquella “persona experta en una materia sobre la que asesora profesionalmente”.

Aprovechando que estamos en un momento simbólico de fin de ciclo (fin de año, salida de la crisis, para algunos…) debemos ir cerrando en todos los términos una época marcada en muchos sentidos por la mediocridad. En España hemos apelado a nuestra propia idiosincracia y cultura para justificar lo injustificable. A los malos consultores debemos sumar los políticos corruptos, los empresarios tramposos y déspotas, los malos hábitos de trabajo (horarios ineficientes, baja productividad), las leyes que no ayudan a innovar y que obstaculizan la competitividad. Aunque lo anterior resulte una obviedad lo sorprendente es que todavía no hayamos avanzado en su destierro. Seguramente porque se anclan en miedos, memes y tópicos tales como que la consultoría es una cortina de humo. En nosotros está la posibilidad de cambiar nuestra forma de entender la realidad y mejorar nuestra sociedad.

Feliz Navidad.

Foto: Jinny, Old school, (CC BY-NC-ND 2.0)

Me he adherido a los principios de la red de consultoría artesana…

Lo cual implica reconocer (y tomo el propio texto de la declaración)… que me siento un profesional que trabajo por el cambio y la mejora de las organizaciones, un trabajo que suele englobarse bajo el término de consultoría. A esta denominación le añadimos, gracias a el trabajo que ha hecho la red,  un adjetivo que representa un atributo diferencial: hacemos consultoría artesana. A favor de promover talleres más que fábricas donde abordar proyectos de dimensión humana.

(Y ahora sí tomo literalmente parte de la declaración)

La consultoría artesana es una alternativa a la manera dominante de hacer consultoría que aporta nuevas perspectivas, enfoques y valores a la hora de abordar el cambio en las organizaciones. Se define, por tanto, mediante estas señas de identidad:

  1. Trabajamos con las personas. El conocimiento, la ilusión y toda la energía necesaria para el cambio y la mejora residen en las personas, una a una, pero también organizadas y en equipo. Por eso, más allá de clientes, decimos que trabajamos con personas y no con corporaciones.
  2. Nos gusta nuestro trabajo. Nuestra materia prima es el conocimiento, algo que no se genera con horario fijo o en espacios concretos. De ahí que no establecemos rígidas separaciones entre nuestra labor de consultoría y otras facetas de nuestra vida. Integramos nuestro trabajo como una actividad más de nuestro quehacer cotidiano.
  3. Colaboramos de manera abierta. Con cada caso y proyecto generamos conocimiento, pero nuestro valor no reside en atesorarlo, ni en métodos y técnicas privativas a resguardo de clientes y de otros profesionales, sino en abrirlo a nuestra comunidad.
  4. Somos red, que en buena parte se refleja y apoya en nuestros blogs y en los medios sociales en que participamos. A través de estos canales distribuimos y compartimos conocimientos, ideas e inquietudes.
  5. Somos una comunidad de práctica en la que aprendemos a través de conversaciones entre iguales, cuyo fundamento no está tanto en el qué sino en el cómo.

Estas características esenciales se traducen en las prácticas que puedes consultar en el siguiente enlace.

Felicitaciones a los que construyen esta propuesta