Liderazgo, entre la personificación del éxito y el trabajo en equipo…

Una de las noticias del día es el adiós, al parecer definitivo, de Steve Jobs al frente de Apple por problemas de salud. Esta ha sido una larga despedida que paradójicamente ha coincidido con el mejor trayecto de Apple de su historia. Una empresa que ha ejercido de Midas en el mundo de las tecnologías, convirtiendo en oro casi todo lo que ha tocado merece el mayor de los respetos. Sin embargo no me ha dejado de llamar la atención la dependencia que esta empresa ha tenido de su fundador, con el que de forma natural relacionamos todos los éxitos de la compañía. Ayer, tras la carta de despedida de Jobs las operaciones electrónicas de bolsa, después del cierre de Wall Street, reflejaron una caída de más de un 5% en las acciones de la compañía, cosa que ya sucedió en enero cuando anunció su baja temporal por problemas de salud.
¿Qué sucederá a partir de ahora? El problema de la personificación del éxito tiene que estar en la cabeza de todos cuando el propio Steve Jobs en la despedida anuncia que los días de mayor resplandor e innovación en Apple están todavía por llegar.
Steve Jobs personifica sin lugar a dudas el ideal del líder, un visionario con un carisma tal que eclipsa a todos los recursos humanos y materiales en los que él mismo cimienta su éxito. Esto cuando el líder no está se convierte en un verdadero problema, como ya se demostró tras la primera salida de Jobs de la empresa que él mismo fundó.
En mi opinión prefiero organizaciones cuyo éxito se basa en toda la organización. Esto no excluye los liderazgos, pero sí implica un esfuerzo extra, generalmente a través de la gestión del conocimiento, que contamine dentro de la empresa los rasgos positivos de aquellos que sobresalen, destacando siempre que las metas se alcanzan trabajando en equipo.